Un paseo entre lápidas

Muchos son los cementerios del mundo cuyas fosas y mausoleos están habitadas por inquilinos famosos que atraen multitudes de visitantes. El cementerio parisino de Pére Lachaise, por ejemplo, recibe más de millón y medio de turistas al año, y es que entre las lápidas que siembran este conocido camposanto se encuentran las de Oscar Wilde, Marcel Proust o Jim Morrison, cuya tumba, y aunque muchos aún duden de que esté muerto siquiera, sigue concitando el multitudinario interés de la gente.

Siguiendo esta fúnebre y un tanto morbosa inclinación, los cementerios barceloneses se apuntan a la moda ofreciendo recorridos guiados gratuitos entre sus tumbas, tanto en castellano como en catalán. Entre los ilustres fallecidos que pueden visitarse están el poeta Jacint Verdaguer, enterrado en el cementerio de Montjüic, o el músico Josep Anselm Clavé, que fue sepultado en el Poble Nou, bajo un monolito que fue sufragado por sus conciudadanos, entre los que era muy querido. Y es que Isaac Albéniz tiene menos gancho que el Rey Lagarto, pero su modesta lápida blanca en la montaña junto al Mediterráneo es parte de la historia catalana.
Paseando entre bucólicos paseos arbolados y los elegantes panteones propiedad de la alta burguesía catalana, esta ruta de los cementerios permite una visión alternativa de la ciudad, teñida de melancolía, además de justificar el disfrute de unos recogidos y serenos espacios urbanos, que no suelen visitarse si no es por luctuosa obligación.

